Fundación Zelmar Michelini

William Puente

Ponencia del periodista William Puente en el homenaje de la Cancillería argentina a Zelmar Michelini el 19 de mayo de 2011. Texto aportado por el autor. http://fzelmarmichelini.org/

 

 “A Zelmar lo conocí en el quehacer periodístico. Ese fue el ámbito de nuestra relación. Yo diría que lo conocí dos veces, en distintos lugares y con diferente vínculo. Lo conocí y lo re-conocí. Primero como director y después como compañero de la tropa en una redacción. Y en las dos funciones era el mismo. Hace algunos meses, Menchi Sábat, que conoció a Zelmar en la redacción del diario Acción y luego siguió encontrándolo, me comentó que le tenía un gran aprecio. Me dijo entonces: “Siempre lo ví como era él, un gran tipo”. Y, ciertamente, era un Gran Tipo, estuviera donde estuviese.

Michelini había empezado su labor periodística en Acción, que dirigía Luis Batlle Berres. Yo creo que allí llegó primeramente por su pertenencia al Partido Colorado, porque en Acción se realizaban reuniones partidarias. Y de a poco se fue adentrando en la tarea periodística. En Acción también trabajaba Julio María Sanguinetti. Estaban Maneco Flores Mora, Carlos María Gutiérrez, quien después seria el primer periodista uruguayo que entrevistaría a Fidel Castro en la Sierra Maestra antes del triunfo de la Revolución cubana. Gutiérrez pasó después a El País, donde yo lo conocí. Y por supuesto, en Acción estaba Jorge Batlle.

   En noviembre de 1965 integraba yo el staff del diario El País, de Montevideo, y renuncié para entrar a trabajar al diario Hechos, que apareció en aquel mes y que era dirigido por Zelmar. Me habían llamado desde la nueva publicación y me pareció un cambio interesante. La aparición de Hechos fue una patriada porque estaba asediado por las dificultades financieras. El periódico era, naturalmente, una herramienta política y tenía su línea editorial, pero había una gran libertad para escribir y para el enfoque de cada noticia. Yo creo que esa fue una de sus virtudes.

   Allí comencé a cruzarme diariamente con Zelmar. La relación que tenía con él era cordial, algo formal, a pesar de que yo integraba la comisión interna gremial del diario. De todos modos, las reuniones por temas de salario o condiciones laborales las teníamos con el administrador, que era Carlos Balsán (hijo), y con Pedro Michelini, el hermano de Zelmar, encargado de las finanzas.

 

LA GENTE DEHECHOS”

 

   El diario estaba bien escrito. En la redacción había muy buenos profesionales junto con algunos colegas que daban allí sus primeras estocadas en el periodismo. César Di Candia, Luis Horacio Vignolo, Fernando Ainsa, Ettore Pierri o Alberto Carbone, se contaban entre los de mayor experiencia… Naturalmente me olvido de muchos nombres.

   Y había además algunos jóvenes que recién comenzaban en el oficio. Uno de ellos era Danilo Arbilla quien algunos años después sería director de la Oficina de Difusión e Información en tiempos de la dictadura y que, más tarde, con el advenimiento de la democracia, dirigió Búsqueda y presidió la Sociedad Interamericana de Prensa, la SIP-, y otro Yamadú Fau, quien luego sería ministro de Defensa durante el gobierno de Jorge Batlle.

   Uno de los compañeros de destaque en aquel diario fue Héctor Rodríguez, histórico militante de la izquierda, dirigente sindical, fundador del Congreso Obrero Textil, fundador de la central obrera Convención Nacional de Trabajadores. Héctor era el jefe de la Página Gremial del diario. Arbilla era cronista en esa sección. Después del golpe de Estado de 1973, Héctor pasó nueve años en prisión y fue muy maltratado.

   Todos los días, cuando Zelmar llegaba a la redacción se reunía con Héctor para cambiar ideas sobre las notas que irían en la sección. Y Zelmar aprovechaba también para tener largas charlas e informarse sobre lo referente al movimiento sindical y las organizaciones sociales, un tema que le apasionaba.

 

EL ESTILO DEL DIARIO; HIDALGO E INELLA

   El diario tenía el formato “sábana”, era enorme, sábana de dos plazas. Pero tenía la virtud de tener una presentación desinhibida, desde la tipografía hasta la diagramación, y también era novedoso en el tratamiento de los temas elegidos para publicar.

   En aquel tiempo los diarios que circulaban en Montevideo eran muy acartonados. El País, El Plata, La Mañana, El Diario, Acción, El Debate, eran demasiado esquemáticos. Todos ellos eran diarios de la derecha, voceros de los blancos y los colorados. Y había también dos diarios –El Popular, órgano del Partido Comunista, y Época, sostenido por un colectivo de izquierda- destinados a otro público, quizás más exigente, que también intentaban salirse del molde prestablecido. En medio de estos diarios, con un lenguaje diferente, se coló Hechos. Fue un caso curioso. Hechos estaba en quiebra casi desde antes de que saliera a la calle el primer número. Era una empresa con dificultades económicas permanentes. Había un equipo destinado a recaudar fondos. Y sin embargo, el diario tenía una buena tirada e inquietaba a la competencia de la tarde, como El Diario. Y yo creo que eso era una virtud del equipo de redacción y de Zelmar, que tenía algunas ocurrencias para la edición y que daba libertad para la creatividad a los redactores. Y se permitía cosas que no eran habituales en otros diarios.

   Por ejemplo, allá por 1965 apareció en Montevideo un pistolero de la pesada porteña: José María Hidalgo. Parece que había matado a un cabo de la policía federal en un asalto aquí en Buenos Aires, en el barrio de Flores, y después de caer preso y fugarse de cárceles de la Argentina y de Brasil y con el famoso comisario Evaristo Meneses pisándole los talones, decidió cruzar a Montevideo en busca de mejores aires. En la capital uruguaya se asoció con un delincuente sanducero, Héctor Inella, con quien formó un dúo que rápidamente se hizo célebre, en tiempos en que los asaltos a mano armada eran episodios poco comunes en Montevideo. Hidalgo e Inella movilizaron a toda la policía tras sus pasos. Hasta tuvieron imitadores que entraban a robar en algunos comercios gritando “Somos Hidalgo e Inella” para inmovilizar a sus víctimas. ¿Y en que terminó Hidalgo? Pues, terminó siendo “columnista” del diario Hechos.

   Esto, que parece un chiste, sólo en parte lo es. ¿Qué fue lo que en realidad  ocurrió? El dúo fue finalmente detenido por la policía uruguaya. Hidalgo denunció torturas sufridas en el Departamento Central de Policía, un cronista de Hechos lo entrevistó en la cárcel, el pistolero resultó ser un tipo interesante y, finalmente, se le ofreció que escribiera una serie de artículos contando su vida. Zelmar estuvo de acuerdo y así se publicaron en Hechos varios capítulos con la firma de José María Hidalgo en los que relataba su trillo novelesco y su relación con el delito.

   Por aquellos tiempos eso era impensable en la mayoría de los otros diarios. Pero estas historias eran agradecidas por los lectores, ya que se les mostraba un aspecto diferente de las habituales crónicas policiales. Aparecía el costado humano y, además, empezaban a denunciarse los aprietes en las comisarías, algo de lo que poco se hablaba en la prensa.

     Zelmar, como director, era alguien que transmitía el entusiasmo y la dedicación a la tarea. Era una impronta del Flaco. Y yo recuerdo a la redacción de Hechos como un lugar donde se trabaja con alegría y con entusiasmo, a pesar de la difícil situación económica.

EL CONFLICTO DEL ’67 Y “NOTICIAS”

   En el año 1967 se produjo un conflicto en la prensa gráfica y los diarios de Montevideo estuvieron tres meses sin salir. Fue un lock-out patronal que significó una dura lucha para los periodistas y para los sindicatos –la Asociación de la Prensa Uruguaya y el Sindicato de Artes Gráficas, a los quer se sumó el Sindicato de Canillitas- hasta que se alcanzó una solución, un poco renga. Los diarios volvieron a editarse. Pero creo que aquellos tres meses sin salir a la calle, sin ventas, fueron un golpe demasiado duro para las finanzas de Hechos. El diario fue absorbido por Seusa –editora de La Mañana y El Diario, el principal competidor de Hechos– y Zelmar se convirtió en redactor de política internacional.

    Tras finalizar aquel conflicto, yo renuncié al diario (creo que no estuve más de dos semanas en Seusa) y viajé a Santiago de Chile para trabajar en la mesa de edición de una agencia de noticias, IPS, que acababa de instalarse. Después de un breve paso por Buenos Aires, dos años después regresé a Montevideo. Hechos ya no salía más.

     Trabajé en otros medios, la crisis se agudizó en Uruguay, en 1971 Zelmar participó en el nacimiento del Frente Amplio, se produjo el golpe de Estado y, por esas vueltas de la vida, en 1974 estaba yo de vuelta en Buenos Aires, trabajando en la redacción del diario Noticias. Y allí me reencontré con Zelmar. Pero esta vez no era el director sino el compañero con quien diariamente compartía la Sección de Política Internacional. Zelmar era el jefe. Y en verdad seguía siendo el mismo, con empuje, con muy buen humor, con sus penas que por pudor prefería no exhibir, siempre activo y con mucha responsabilidad en la tarea. Compartíamos dos escritorios que estaban pegados y tecleábamos codo a codo en las Olivetti.

LA GENTE DENOTICIAS”

   En la sección había un chileno, Camilo Taufic, que en su tierra había escrito un ensayo con el título “Periodismo y lucha de clases”, un enfoque marxista del oficio. Tuvo la mala suerte de que el libro se editó poco antes del golpe de Pinochet, así que la dictadura lo convirtió en pulpa de papel. Había también otro chileno, cuyo nombre he olvidado.

   Verdaderamente la Sección Internacional de Noticias era internacional.

   Noticias, que fue “el diario de los Montoneros», fue además una experiencia importante para muchos periodistas, y creo que también para Zelmar, que otra vez estaba sumergido en un medio diferente. En la redacción sobresalían nombres de periodistas ilustres, como Juan Gelman, Paco Urondo, Rodolfo Walsh, Horacio Verbitsky. El director  era Miguel Bonasso. Estaban también Carlos Ulanovsky y Jorge Luis Bernetti.  Una lista interminable de excelentes profesionales.

   Cada día Zelmar llegaba, hacía la pauta de trabajo, la analizaba con la dirección, con el secretario de redacción, y comenzaba nuestra tarea que –en algún lugar- se parecía, o tenía un clima similar al que habíamos vivido en Hechos. Zelmar remaba con nosotros en la sección.

EL BUEN HUMOR DE ZELMAR

   El Flaco tenía un gran sentido del humor. Continuamente llegaban a la redacción de Noticias uruguayos que decían ser exiliados y pedían hablar con Michelini para que los asistiera. Quizás algunos lo fueran, otros no, otros quizás fueran tiras que llegaban a pispear el gallinero. Sin preocuparse de que realmente fueran refugiados, Zelmar los atendía a todos, siempre, los orientaba y los ayudaba muchas veces dándoles dinero. Y eran tiempos en que Zelmar tenía que trabajar para vivir y mantener a su familia. Después regresaba a su escritorio, junto al mío, y con una sonrisa pícara me comentaba: “Che, Flaco, estos tipos después votan, ¿no?”, en alusión al clientelismo político tanto tiempo practicado por blancos y colorados.

   Y allí, en aquel escritorio, el Flaco escribía como hablaba. De la misma forma, tecleaba con decisión, con rapidez, como si fuera un calco de su oratoria radiante y apasionada, con palabras apuradas y precisas como aquellas que pronunció en su última intervención en el Parlamento uruguayo, cuando con una argumentación abrumadora –como el periodista que era- demostró que la justicia militar no tenía independencia y, por lo tanto, no podía juzgar a los civiles.

   En fin… que fue bueno trabajar codo a codo con Zelmar Michelini por algún tiempo. Si me pidieran definirlo como periodista en una oración corta elegiría decir que –además de “un gran tipo”, como dice Menchi- fue un buen compañero de camino”. 

 

 

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